
Había una vez... una palabra que, nombrada o insinuada, ponía en jaque a toda una sociedad. Era una palabra poderosa utilizada por los que ostentaban el poder. Significaba, entre otras muchas cosas, que los aludidos por esa palabra iban a vérselas con la "autoridad". Era, también, una palabra que sonaba a represalia, a advertencia, a amenaza.
Dicha palabra es el folkórico ¡Cháke!
Dicha palabra tuvo su tiempo de logros espectaculares: dejaba en vilo a todo un pueblo. Durante el tiempo en que era llevada a la práctica, dejaba tras de sí secuestros, torturas y asesinatos. Esto es, basaba su eficiencia en el crimen, en el terror del terrorismo de Estado.
Exportado al Brasil el viejo autoritario, esa palabra perdió algo de lo oscuro y trágico que fue.
En pocos años, ya en un tiempo en que, definitivamente, los peligros de gobiernos militares fueron al basurero de la historia reciente, se buscó utilizar esa palabra para dar "vida" a un proyecto autoritario y fascista con discursos tales como: "se alinearán como velas" o la frase cumplida "se derramarán ríos de sangre". Lanzada esa palabra en busca de nuevos comienzos, encontró esta su muerte en manos de aquellos a quienes había sometido por décadas. La fecha de esa muerte: en los aciagos e imborrables días del "Marzo Paraguayo".
En este tiempo, a más de diez años de esa victoria ciudadana, ciertos "políticos" buscan revivirla por una cuestión simple: no aceptan cierta regla democrática que señala la alternancia del poder.
Se utiliza, dicha palabra, con otro nombre: "Juicio Político".
¿Retornar a un estado de cosas de la mano de quienes representan la miseria del pueblo o devolverles esa palabra en mayúsculas?
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